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sábado, 6 de julio de 2013

¿Para siempre?, mejor para un ratito

Cuenta la historia, que un comerciante de sedas europeo llegó a una pequeña ciudad del lejano oriente hace muchos, muchos años. A su llegada, el comerciante se encontró con el alcalde de la pequeña ciudad, el cuál le invitó a dar un paseo antes de empezar con los negocios. Mientras caminaban y conversaban distendidamente pasaron por el cementerio de la ciudad, el comerciante comenzó a mirar las lápidas y no podía creer lo que estaban viendo sus ojos. Nadie allí enterrado tenía más de cinco años en el momento de su muerte. Asombrado preguntó al alcalde si éste se trataba de un cementerio de niños a lo que él le respondió. – No querido amigo forastero, en mi ciudad las cosas no son como en occidente, allí la gente quiere tener una vida longeva, con posesiones y placeres mundanos. En nuestro lado del mundo en cambio no valoramos tales cosas. ¿Ves aquella lápida de allí donde dice que esta persona murió con dos años, ocho meses y 17 días? Ella tenía 73 años. ¿Y aquella de allí con 11 meses y 23 días? Esa persona falleció a los 58 años de edad, y así todos los difuntos que se encuentran aquí.
Ante esta explicación el comerciante se quedó confundido a la vez que sorprendido a lo que el alcalde le aclaró. – Querido amigo, es simple, sólo hay que saber que la vida no se trata de vivir más años, ser inmortales o intentar quedarnos para siempre. La vida son los momentos que vivimos felices, eso es lo que cuenta, sólo esos ratitos.


Buenas tardes queridos lectores,


Un tiempo atrás no he podido dejar de pensar en la palabra SIEMPRE, según la definición de la RAE es “En todo o cualquier tiempo”. A esta palabra le podemos añadir las preposiciones por o para y ya vamos, atados de por vida, por SIEMPRE JAMÁS (valga la redundancia)  a lo que sea que sea para SIEMPRE.
¿Alguna vez os habéis parado a pensar que desde que somos medianamente adultos todo en nuestra vida se basa en conseguir cosas para SIEMPRE? Un trabajo para SIEMPRE, una casa para SIEMPRE, una pareja para SIEMPRE y así absolutamente todo. Quedando tan centrados en conseguirlo que se nos olvida o no tenemos tiempo para conseguir otras cosas, ni siquiera por un ratito. Creo que la palabra SIEMPRE es una palabra envenenada, enemiga de la felicidad. Como humanos o más bien como personas, somos cambiantes, nuestra fisiología, anatomía, pensamiento, cerebro inferior y superior, cortex,  y un largo etcétera cambia continuamente desde el momento en el que nacemos hasta el momento de nuestra muerte. Esto es así, nada en nuestro cuerpo es para todo o cualquier tiempo, entonces ¿por qué nos empeñamos en rodearnos de cosas que pretendemos que sean así? Mi humilde teoría o más bien mi ambiciosa divagación es muy larga, pero gira en torno al concepto del miedo, religión, bien y mal por un lado y seguridad, pertenencia, permanencia por el otro. Estas dos caras de la moneda combinadas hacen que como personas busquemos el SIEMPRE continuamente, muchas veces dejándonos la vida en ello.




Ahora yo os quiero confesar algo, yo no creo en el SIEMPRE, ni como palabra ni como concepto. Me da dolor de cabeza, estrés mental, demasiada responsabilidad emocional. Así que he decidido que el mejor concepto para la permanencia de cosas, ideas o personas a mi lado va a ser “el RATITO”, ¿qué es un RATITO, cuánto dura? No sé deciros, a veces sólo unos minutos, a veces años y años.




A pesar de todos los cambios que están aconteciendo en mi vida en estos últimos meses, semanas, días estoy feliz, mejor dicho SOY feliz, por encima de las situaciones, por encima de las personas, por encima de los cambios, soy feliz. Y eso es lo único que voy a intentar mantener por y para SIEMPRE. Lo demás como ya os he dicho son ratitos. Vamos a psicocinar varias ideas juntos. Una idea del para SIEMPRE es la del trabajo para SIEMPRE, si es funcionario con plaza fija mejor que mejor, nos formamos para esto desde niños; pero y si luego no nos gusta, y si no queremos eso para SIEMPRE, si queremos descansar un RATITO, cómo explicar estas situaciones en una sociedad del SIEMPRE. Todo esto puede pasar, sólo hay personas que se quedan ahí pensando en cómo sería su vida mientras ven los programas tipo “Españoles por el mundo” y otras que por un RATITO son más felices siendo friegaplatos que profesores o niñeras que consultoras, por lo menos durante un RATITO.


Otra gran parcela del para SIEMPRE es el amor. Pensar un vuestra vida en pareja, actual o pasada si es que ahora estáis solteros. Todos hemos oído decir que después de un tiempo se pierde la chispa, que se va la magia. Bueno pues siento deciros que ese momento, también es el momento en el que el RATITO se cambia por el para SIEMPRE. En el momento que dos personas pasan a sentir sentido de pertenencia mutua empiezan las rutinas y las desidias. Yo creo fuertemente en el amor para un RATITO, la sensación de estar enamorado un RATITO es la mejor, no hay estrés ni responsabilidad emocional. No le debes ni te deben fidelidad, no hay un tener que, simplemente estás porque quieres, este RATITO, mañana ya se verá. Como os he dicho nunca se sabe cuánto duran los RATITOS. Así el amor es más sano, más real, mirar cada día a la cara a la persona que os acompaña en este momento y decir, “Hoy me quedo, un RATITO más”. Conozco personas que llevan enamorados de esta manera un RATITO que dura ya más de 30 años.




Yo misma he pasado por la idea equivocada del SIEMPRE y me he caído, me he lastimado y he lastimado (lo siento) y duele darse cuenta de que tu RATITO con esa persona se acabó hace tiempo, pero quieres alargarlo, pero no lo sientes igual, lo sabes sin admitirlo, lo notas sin pensarlo. Es duro pero es así, llegar un día, mirar a la cara a la persona que nos acompaña en ese momento y decir, “Hoy no me quedo, ya el RATITO se ha acabado”. Eso da miedo SIEMPRE, pero también es ser valiente, es conocerse a uno mismo y escucharse. Mirarse en el espejo con los ojos llenos de lágrimas, pero aceptando que la vida no se basa en el SIEMPRE sino en RATITOS. Para ser feliz, la gran mayoría de las veces es mejor enfrentarse a ese momento tan duro que decir “Hoy me quedo, pero el RATITO se acabó hace mucho tiempo”. Yo no soy así, y no podré serlo nunca. En ninguna parcela de mi vida, ni siquiera sé dónde estaré dentro de un RATITO. Psicocineros la vida es un ratito, la vida es ser feliz y acumular días en nuestra lápida personal. Aquí y ahora. ¿Para siempre?, mejor para un ratito.


Os dejo un RATITO, pero SIEMPRE psicocinando ideas.



jueves, 18 de octubre de 2012

De príncipes y princesas

Había una vez una princesa monísima, a gusto con su cuerpo, dulce y hacendosa que vivía en una preciosa casita al lado de un hermoso lago. Por las mañanas se levantaba con el sol y escuchaba un rato música en su iPod, mientras se interesaba por alguna que otra noticia reciente y bebía su café recién hecho. Pasaba los días tranquila, siempre al tanto de todo, mientras trabajaba desde casa. Por las tardes solía quedar con princesas amigas para hacer un rato de ejercicio o pasar un buen rato juntas por el centro.

Un buen día, mientras nuestra princesa estaba en casa, un hermoso príncipe de pelo negro y ojos verdes, se bajó de su deportivo y llamó a su puerta por equivocación. Al instante se miraron, y cientos de pajarillos risueños cantaron al unísono alrededor de sus cabezas. El príncipe y la princesa se dieron cuenta en ese mismo momento, que estaban hechos el uno para el otro y decidieron pasar toda la vida juntos. Vivieron juntos para siempre en el moderno ático que tiene el príncipe en un buen barrio; así, podían alquilar la casita de la princesa en las afueras, para sacarse un dinerito extra para viajes.

Fueron felices y comieron perdices.


Queridos lectores, en esta ocasión os he querido contar una versión a mi manera de un cuento de princesas tradicional cualquiera (Blancanieves, Cenicienta, La Bella durmiente, etc.). Hago esto porque últimamente he estado psicocinando mucho esta idea de las princesas acordándome mucho del libro La Danza de amor de las hadas de Rosetta Forner, que realmente recomiendo y no se me ha ocurrido ninguna otra cosa que contaros varias posibles versiones de cuentos de princesas "no tan tradionales" para luego hablar de ellas y seguir psicocinando estos cuentos juntos.


El príncipe que no quería a su princesa

Había una vez una princesa monísima, lista y simpática que vivía en un piso compartido con otras princesas. Esa princesa era una chica feliz, le gustaba su trabajo y se divertía con sus amigos. Un buen día le presentaron a un príncipe encantador. Era atractivo y gracioso y a nuestra princesa le encantó. Al príncipe también le gustó ella y pronto empezaron a quedar. Se llevaban súper bien, salían, bailaban, iban a cenar, al cine... Hasta que un día la princesa se dio cuenta que estaba totalmente enamorada del príncipe. Él no quería nada serio, ella lo sabía, ¿pero qué podía hacer? ¿Cómo controlar sus sentimientos? Mientras tanto el príncipe siempre era atento con ella, aunque para ella ya no era suficiente. La presentaba como su amiga y ella se sentía morir en esos momentos.

Poco a poco el príncipe se dio cuenta de los sentimientos de la princesa y decidieron "hablarlo", lo mejor era dejarlo ahora antes de que ella sufriera, estaba claro que ella "quería más", pero él no. Así que ella decidió aceptar (de bocas) "una amistad". Sin embargo esto no funcionó, la princesa se volvió celosa y acaparadora. Estaba muy pesada con el príncipe. Ella no quería,pero no se podía resistir. Ante esta actitud, el príncipe se agobió bastante. Él se sentía fatal pero no podía forzar unos sentimientos que no tenía. Incluso a veces pensaba que tenía toda la culpa por haber dado pie a esta situación. Peleaban constantemente y se fueron distanciando poco a poco, sin quedar ningún atisbo de su gran amistad. La princesa estuvo "tocada emocionalmente" durante bastante tiempo. Del príncipe nunca se supo ni se sabrá nada, era bastante cerrado con sus emociones.

Colorín colorado, este cuento se ha acabado.


Con un joven príncipe continúa el linaje.

Érase una vez un joven príncipe y una joven princesa que se querían con locura. Eran por igual amigos y amantes. Cada uno vivía en palacio con sus padres. Tenían trabajo pero estaban muy bien en casa. Los príncipes se veían casi todos los días después del trabajo, quedaban en casa de uno de los dos o daban una vuelta.

Tanto el príncipe como la princesa vivían al día, sin pensar en que podía pasar el día de mañana. -Carpe diem-, solía decir ella, a lo que él le respondía -Hakuna matata- y ambos empezaban a reír a carcajadas.

Viajaban mucho, salidas cortas, normalmente de fin de semana y salían de fiesta, bebían y bailaban hasta el amanecer. Al llegar al hotel aprovechaban para tener tanto sexo como les fuera posible, se deseaban, se amaban. Eran jóvenes. El odiaba usar protección y la princesa confiaba en él, -ten cuidado- le decía a menudo con la voz ya entrecortada por el momento, hasta que ambos caían rendidos entre las sábanas.

Pasó algo más de un mes y la princesa estaba preocupada, fue a la farmacia sin decir nada a nadie y, como pasaba en sus peores sueños ¡estaba embarazada! Este no era en absoluto un buen momento y el príncipe intentó convencerla de ello, sin embargo la princesa estaba contenta, en unos meses tendría un joven príncipe entre sus brazos, y pasara lo que pasara siempre tendría con ella un trocito de su príncipe.

El príncipe estaba totalmente superado por la situación, lloraba de rabia, no sabía como afrontarla. Durante los siguientes 7 meses discutieron mucho, incluso lo dejaron varias veces; el príncipe ya no sentía lo mismo por la princesa, se sentía manipulado y defraudado, y el bebé nació. Un precioso niño de ojos negros que ahora él tenía entre sus brazos. En este momento no estaban pasando la mejor racha pero este bebé lo cambiaba todo. Decidieron intentarlo de nuevo y alquilar una casita donde vivir juntos. Había días buenos, pero también malos, y lo malo se convertía en peor. La princesa no pudo trabajar por un tiempo y perdió su trabajo, él estaba cansado y eso le hacía estar irritable al llegar a casa. La situación era difícil, qué hacer. Ambos iban y venían de los Palacios de sus padres por temporadas, sin encontrar solución. El joven príncipe mañana cumplirá 3 años y aún siguen buscándola.


Un príncipe siempre es un príncipe

Había una vez, en una ciudad muy lejana un joven príncipe que conoció a una bella princesa. Ambos empezaron a quedar para conocerse y con el tiempo surgió una bonita relación. Se llevaban muy bien, se respetaban y se valoraban. La princesa era una chica normal, no muy alta, no muy graciosa, no muy guapa, no muy... El príncipe más de lo mismo, conducía un coche de segunda mano que se había comprado él mismo ahorrando dinero de sus cumpleaños y no le gustaba nada alardear de su estatus de príncipe.

 La princesa no le contó al principio que era de la realeza, ya que sus padres no se llevaban del todo bien con las demás familias reales y trabajaban muy duro para mantener su palacio.  La familia del príncipe, en cambio, era muy tradicional y quería las cosas "bien hechas".

Al cabo del tiempo ellos estaban tan enamorados que decidieron casarse y formar una familia, pero la familia de él no lo aprobó, diciéndole que si se casaba con ella tendría que dejar atrás todo lo que hasta ahora poseía, tendría que dejar de ser un príncipe. A él no le importó, estaba realmente enamorado de la princesa así que decidieron seguir adelante con sus planes. Al poco de la boda ella quedó embarazada de mellizos, la situación era muy difícil. Ambos trabajaban mucho fuera de casa para poder pagar la hipoteca y los recibos mensuales, pero los dos se querían mucho y tiraban del carro juntos. El embarazo sólo significaba que se tendrían que esforzar un poco más, pero que juntos saldrían airosos de esta.

Tuvieron dos niñas preciosas y tras ellas una más. Después de casi medio siglo juntos, sus hijas y sus nietos les están preparando sus bodas de oro y en lo bueno y en lo malo, con rachas buenas y no tan buenas y, aunque él hace mucho, mucho tiempo decidiera dejarlo todo por ella, para nuestra princesa él siempre será su príncipe.


Mis queridos psicocineros, no sé qué habréis pensado al leer estos cuentos, puede que algunos os sintáis identificados en algún momento, otros estéis pensando en alguien u otros simplemente no entendáis a qué viene este post y penséis que me debo dejar de "tanto cuento".

Como os he dicho antes yo he psicocinado últimamente mucho la idea de las princesas y os quiero decir algo, TODO/AS somos príncipes y princesas en nuestros cuentos. Nuestra propia historia puede ser una danza de amor. Los finales los hay de todo tipo, buenos, malos y regulares; pero como en estos cuentos, todo nuestros príncipes y princesas vivieron su momento. Para mí eso es lo importante de las relaciones. Conservar siempre algún recuerdo, algún momento, que hasta pensando en la que creemos la peor de nuestras relaciones, nos haga dibujar una sonrisa en nuestras caras.

Me gustaría animaros a intentarlo. Psicocinad el mejor momento de vuestra peor relación y observar si conseguís sonreír. Si lo conseguís me siento satisfecha por el momento. Una sonrisa siempre es una sonrisa y si incluso conseguimos sacarla de lo que creíamos era lo peor, ¡ahí está!

Podemos repetir esto con los 3 peores eventos de nuestra vida. Os dejo un rato que penséis...

¿Veo una sonrisa?

Mientras practicáis yo os dejo psicocinando ideas.