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miércoles, 23 de noviembre de 2016

La pelea del plato de macarrones

Buenas noches mis queridos psicocineros,

Hoy vengo para confesarme, Ave María Purísima, de que me he equivocado pero bien con mi hijo. Como la mayoría sabréis mi hijo Alejandro tiene 2 años y él en sí mismo no podría ser más especial. Es una personita con luz y energía, me mira y me toca como si fuera emocionalmente superdotado y supiese por lo que estoy pasando o mejor dicho por lo que estamos pasando. Siempre le digo a mi marido que tenemos que cuidarlo mucho porque de verdad yo creo que es un angelito que Dios me ha mandado para que me cuide, es realmente único, el que lo conozca lo sabe y el que no pues intento llevártelo un ratito a casa a través de mis palabras.


Hoy he pecado como madre, como ejemplo y como persona ante él y merezco un castigo, ya lo estoy teniendo porque no consigo dormirme pensando en mi pobre niño sin poder expresarse. Y todo por un puñetero plato de macarrones.


 Desde que nació o antes siempre he pensado cómo o en qué quería hacer hincapié en la educación de mis hijos y junto a mi marido hemos intentado seguir esa línea. Bueno, desde que enfermé esa línea a mi parecer se torció un poco, llegando en muchas ocasiones a frustrarme verdaderamente. Ya no se duerme como yo le enseñé, ya no come todo en lo que yo le inicié, ya no habla nada, no es muy activo, no juega como yo quiero, no hace lo que yo creo que es importante que haga… no sigue mi línea vamos. Según yo siempre pensando que el motivo, la culpa la tenían el que yo estuviera mala, muchos días en la cama sin moverme y que terceras personas se dedicasen a esa labor que debía ser mía, la de ser mamá.

Hablamos de tíos, tías y abuelos sobre todo, para mí gente que se estaba metiendo demasiado y que tenían que ayudarme, pero a mí manera. La situación de hoy ha sido fácil y sencilla. Llega la hora de la cena, le pongo a mi hijo un plato de pasta, no la quiere porque no tienen salsa de tomate, inmediatamente me dicen todos “Miriam no la quiere porque no lleva tomate”, cosa que yo sé pero me ofusco porque pienso que el niño tendría que tener una alimentación más variada y menos limitada, para mí eso es ley. Todos vuelven a decirme que no me pelee con el niño, que tiene dos años, y que le ponga tomate. La abuela se quita de en medio cada vez que es un tema relacionado con la comida y yo, por no pelearme con los tíos, al final como siempre termino cediendo, pero sigo súper enfadada, cada vez haciendo una bola más grande. El niño ya nervioso y todo no come nada del plato, se come una natilla y se queda muerto de hambre llorando y de mal humor. Todos me dicen que le dé algo más pero yo digo no, tiene que aprender, que se coma los macarrones. Fin de la historia. Así es como yo lo veo.

Sin embargo, queridos psicocineros esta noche por primera vez la vida me ha dado una bofetada de flexibilidad muy derecha a mi corazón. Aunque lo haya dicho éste no ha sido el fin de la historia. Después de la “no cena” Alejandro seguía mal y se ha ido solito para el cuarto como para dormir, la abuela y la tía han ido con él y cuando le han quitado el pañal no podía ni abrir las piernas de dolor, quizás un pliegue del pañal o quizás mi manía de ponerle ropa moderna y el pantalón le hacía daño. Lo que sea pero mi niño no se quejaba por la cena, se quejaba por el dolor y su dolor a mí me ha herido el alma. No por lo que tenía porque mañana estará bien, sino porque me ha hecho chocarme de cara con la realidad de mi vida.

Soy Miriam, tengo 32 años, soy mujer, mamá, enferma de cáncer (cada vez menos) y con limitaciones (cada vez más). También soy hija y sobrina y paso todo el día peleando con mi hijo, con mi madre y con mis tíos. Peleando porque no me gusta necesitar la ayuda que necesito a diario, creyendo que la necesito por la enfermedad cuando en realidad a todo el mundo le viene bien la ayuda y luchando por ser todos los días una madre perfecta con un hijo perfecto y una madre perfecta y unos tíos perfectos y por qué no, un marido perfecto. Pero la vida no es perfecta, por llamarla lo más bonito que se me ocurre la vida es FLEXIBLE, cambiante, improvisada, no ensayamos nada, no tenemos experiencia en nada nadie, porque cada día es distinto, cada persona con la que te cruzas es distinta y aquí por suerte o por desgracia no hay guion que valga.



Hoy por primera vez y por escrito quiero empezar haciendo examen de conciencia. Pido perdón la primera a mi madre por ser tan pesada y no darle ni una tregua ni un día de mi vida, con cáncer o sin él, siempre he sido su juez y su carcelera y eso no es justo. El siguiente eres tú hijo, perdón por querer tener un hijo perfecto cuando ya lo eres. Después vosotros mis tíos Manolo y Mercedes porque sois más que eso y yo discuto demasiado con vosotros, sobre todo contigo Mercedes que a veces nos entendemos bien y a veces nos enzarzamos las dos en callejones sin salida. A mi marido igual, tienes mil fallos, yo también, tienes mil virtudes, yo también, somos muy parecidos. Intentemos vivir sin guión, sólo sé que te echo de menos. Por último a todas las personas de mi vida por ser tan inflexible y tan poco humilde muchas veces, hoy he escuchado una frase preciosa y os la dejo “Yo no quiero llegar a ninguna parte, sólo quiero poder caminar por la vida cada día”.

Tras pedir perdón quiero dar las gracias, sin todos los de arriba mi vida no sería posible. Gracias mamá, porque cuando te tocaba ser abuela y disfrutar estás volviendo a ser madre y no de una sino de dos. Alejandro te quiere con locura y así venga el Papa a decirlo no te voy a apartar de nuestra vida en la vida. Menos mal que nos queda mucho tiempo por delante para seguir entendiéndonos.

Hoy la vida me ha dado mi lección y tras el castigo expío mi culpa. Estamos en la vida para aprender, pero si seguimos con lo dicho antes eso es una incoherencia porque ¿cómo vamos aprender a hacer algo que se presenta nuevo cada día? Si en la vida no hay nada establecido ¿de qué podemos ser alumnos? Queridos psicocineros en la vida se pueden aprender muchas cosas pero no ella misma, la vida hay que vivirla, hay que amarla, hay que sentirla. Y ya habrá tiempo para comer macarrones, es verdad hijo, a mí lo único que me preocupa en el fondo de mi alma, es que seas feliz.








Buenas noches psicocineros, me voy a dormir con la conciencia tranquila.

sábado, 28 de mayo de 2016

Carta abierta a mi madre y a mi marido

Hola mamá, hola amor,

Hoy os escribo directamente a vosotros dos. Os escribo una carta abierta con mi corazón abierto.

Lo primero os quiero dar las gracias por todo lo que habéis hecho y seguís haciendo por mí durante estos meses tan difíciles. Gracias de verdad.

Creo que después de mí sois las personas que más habéis sufrido viéndome así, cada día en el sofá, quejándome, cansada y con dolor. Pero creedme, yo he sufrido más y lo sigo haciendo.

Quiero contaros que si me levantaba dos veces del sofá para comer algo, para darle de comer a Alejandro o para ver algo gracioso que estaba haciendo, esas dos veces me levantaba sin ganas. También quiero contaros que si me quejaba o me quejo cuatro veces, dejo de quejarme otras cuatro. Que si decía o digo que tengo las piernas cansadas y que cada hora (antes menos) quiero descansar un momento, en realidad el cansancio es de otro nivel superior y ni correr una maratón me provocaría esa sensación. Y por último que si un par de veces al día decía y digo que me duele la cabeza o la espalda, me duele más veces pero me tomo una pastilla y sigo para delante.

También quiero deciros abiertamente algo que he sentido durante todo este tiempo y sigo sintiendo, y es que quizás no soy tan fuerte ni tan supermujer como pensáis, quizás no soy tan positiva, ni tan tranquila y relajada. Aunque quizás sí que lo soy pero esta enfermedad es tan jodida que hace dudar hasta Jesucristo de su Fe. Se pasa mucho miedo. Llevo seis meses pasando miedo y no un miedo a que me dejen, a que me abandonen o a no tener a mi madre cerca tía M, sino miedo a morirme joder!! Miedo a las complicaciones, al tratamiento de mierda y al dolor que he pasado. No pido que nadie lo entienda, ni siquiera vosotros que lo vivís conmigo; sólo pido que me acompañéis, que me deis una oportunidad para NO ser fuerte, para NO ser constante, para estar apática o triste o para no tener ganas de nada. Pero sobretodo lo más importante es otra cosa; quiero tener la oportunidad de que cuando sí tenga ganas de hacer algo no se use en mi contra después durante un mes y eso va por los dos. –Ahora te encuentras mal pero para irte de barbacoa no... –Ahora estás cansada pero para irte a tomar un café no... Ya vale por favor!

En todo este tiempo no me he dado la oportunidad a mí misma de mostrarme triste, es como si desde que te diagnostican Cáncer tu cabeza tiene que cambiar y de repente pensar que todos los pensamientos y emociones tienen que ser positivas y que la vida es flowerpower y todo va a estar bien con una vida de emociones positivas, comida sana y ejercicio. Eso no es ni sano ni normal. Todas las emociones son sanas y normales, y es más que normal sentirse triste cuando DE REPENTE no se está sano. Un hombro para llorar sin prisa hubiera estado muy bien, decirme llora que es normal hubiera estado muy bien. Así que lo que me pasa es que voy a todas partes con la lagrima detrás de la oreja, desde el médico de familia hasta viendo Masterchef. Lloro sola, y no porque me de pena que se vaya un concursante, sino porque me doy pena yo, y coraje de estar apática y sin fuerza. Y porque echo mucho de menos a los que no están, a mi padre muchísimo y al resto de mi familia y a mis amigas. Que muero por tomarme un café con ellas. Y porque por lo menos una vez debería haberme vaciado de lágrimas, hasta que no pudiera más. Como un duelo, aquí si Dios quiere no se tiene porqué morir nadie, aunque realmente uno muere para revivir, después de una enfermedad dura nadie vuelve a ser el mismo y eso muchos lo sabréis. Cuando se enfrenta a la muerte la vida cambia de perspectiva.

Aparte de esto, os quiero decir a los dos que es muy difícil estar en medio en muchas ocasiones. Antes me involucraba más hasta que aprendí que no era mi problema ni mi energía. Esta situación está siendo muy estresante para los dos, verme así es difícil, y muchas veces nos gustaría que otros se comportaran de otra manera. Sólo hay que comprender que cada uno es diferente y lo vive diferente, a mí todavía me cuesta. 

Mamá tú eres la que me regaló la vida pero por eso no sufres más que yo. En serio. Y mi marido es mi marido y lo elegí yo, con todas sus perfecciones y sus imperfecciones . Y amor, mi madre es mi madre y a pesar de sus cosas es la mejor sin ninguna duda. Y como le he dicho a mi madre, tú eres mi marido pero si lo eres vamos a cumplir todos los votos esos de la salud y la enfermedad y todo el rollo no? Está claro que no estoy igual y seguramente no lo estaré en un tiempo. Yo te entiendo cómo hombre, la cosa es si tú me entiendes como mujer a la que le han quemado todos sus interiores durante dos meses. No sé, piénsalo...

Me gustaría que la relación entre vosotros fuera mejor, no para llamaros y contaros la vida, sino los dos más a una y con más comunicación para ayudarme. Sí, para ayudarme. Necesito ayuda diaria y no me importa pedirla todo el tiempo que la siga necesitando.

La constancia nunca ha sido uno de mis puntos fuertes y otra cosa que quiero contaros es que no me hace sentirme especialmente bien cuando no me hago un zumo por la mañana y me decís lo importantísimo que es, que yo ya lo sé, ni cuando no llevo todos los papeleos al día como antes siempre hacía porque no encuentro la manera ni el momento de hacerlo, que también lo sé. Esos recordatorios mejor no, gracias. Es mejor ofrecerme un zumo o ayuda con los papeles y pensar: -¿Qué le pasará a Miriam que no ha hecho esto?

A Alejandro no lo nombro en esta carta porque su actitud ha sido de fuera de este mundo. Doy gracias a Dios porque en lugar de un niño me mandó un ángel para acompañarme. Y a vosotros dos gracias porque con él lo habéis hecho perfecto, no he tenido que preocuparme ni por un momento de si estaba bien o le faltaba algo. Solo le faltaba su mamá y de eso ya me encargo yo de volver poco a poco.

Para terminar quiero volver a daros las gracias, a vosotros dos y a Dios por permitirme teneros al lado durante este camino que no ha hecho más que empezar. Esta es MI experiencia, vosotros ayuda, compañía. Esto es más duro de lo que sabéis o quizás de lo que queréis saber por miedo al sufrimiento. Con el fin del tratamiento no llega el fin de la enfermedad. Sé que no os gusta escucharlo pero esto no ha acabado, estoy enferma, tengo Cáncer y os necesito y os quiero, para pasear, para reír, para llorar y para todo lo demás. Gracias de corazón.


Pd: Leyendo esta carta veo que es totalmente trasladable a muchas historias, a muchas personas y a muchas enfermedades. Psicocineros por primera vez os pido que la compartan porque quizás mi experiencia pueda servir a otras personas. Un abrazo y gracias por estar ahí.





Miriam

lunes, 9 de mayo de 2016

El mejor regalo del Día de la Madre

Como cada año hoy hemos celebrado el día de la madre en Canadá y ayer Alejandro a su año y medio exacto me hizo el mejor regalo del Día de la Madre del mundo.

Desde hace un tiempo y como todos los niños, mi hijo se mira en el espejo. Al principio sin reconocer su imagen a través de él y más adelante sabiendo que ese niño que le devolvía la mirada era su reflejo.

A estas alturas casi todos sabéis que últimamente no he pasado muy buena época y una de las cosas que menos me apetecía era mirarme al espejo y ver mi reflejo gris, con pelo sucio y ojeras. No me reconocía a mí misma y evitaba mirarme. Sólo en los días en los que mis mejillas tenían más color o no estaba demasiado mareada para poder lavarme el pelo podía mirarme y verme ahí delante, sintiéndome diferente y hundiéndome en el gris de mi mirada.

Poco a poco y cada día me siento mejor desde que terminé con mi tratamiento, poco a poco y cada día doy pasos adelante encontrándome de nuevo a mí misma, poco a poco y cada día vuelvo a mirarme en el espejo. Todavía necesito usar antiojeras y colorete muy a menudo para gustarme, pero poco a poco y cada día me reconozco y me miro.

Volviendo a mi hijo Alejandro; desde que sabe que el niño que está a través del espejo es él se emociona, se quiere y hasta se come a besos. Sí, literalmente le da besos al espejo, se saluda, se sonríe y se pone ojitos. Así me tiene todos los espejos manoseados y chuperreteados, con huellas de sus manitas y su lengua por todas partes. Él se encanta y se quiere, se emociona cada vez que ve a ese niño y sabe que es él.

Ayer por la mañana mientras él se miraba y se daba besos en el espejo del pasillo, me agaché a su lado, sólo bastó un encuentro de miradas a través del espejo para que la magia empezara a surgir. Era la primera vez que estábamos juntos delante de un espejo, la primera vez en mucho tiempo que me ponía a su altura mientras estaba haciendo algo que de verdad le emociona y lo hace feliz. Lo senté en mi rodilla y le di un beso, beso que vio en el espejo y de repente me miró, bajó de mi rodilla, fue hasta el espejo, me volvió a mirar esta vez a través de él, dijo “naana” que es su manera de decir mamá y empezó a darle besos a mi imagen, se reía, me miraba y me besaba, se acercó a mí y me abrazó. Así varias veces, daba vueltas y se reía. Le encantaba y me quería, se emocionaba cada vez que veía a esa mujer y sabía que era yo, su mamá.


Ayer mi hijo, a su año y medio de vida me hizo el regalo más bonito que se le puede hacer a una madre y ese regalo vino en forma de enseñanza. De Manual para mirarse al espejo. Aun cuando yo no he sido capaz de reconocerme y casi ni quererme en algunos momentos de los últimos meses, ahí está él para enseñarme a mirarme al espejo y a continuación os lo cuento.


           Manual para mirarse al espejo (regalo número 1 del Día de la Madre)
  1. Ponte delante de un espejo
  2. Abre bien los ojos y mírate mucho
  3. Ponte ojitos y sonríe, como si estuvieras ligando con esa persona que está al otro lado
  4. Dale un súper beso al espejo y si es con lengua, ¡MEJOR!
  5. Da vueltas mientras bailas y mírate mucho
  6. Encántate y quiérete y emociónate cada vez que te mires a los ojos


Y sabes todo esto por qué, porque sabes que esa persona eres tú, la que siempre te acompaña, la que te escucha, la que te mira con los mejores ojos y te da los mejores besos. Esa persona eres tú y lo sabes, aunque en éste u otro momento la hayas perdido, eres tú y eres la única tú que hay, la genuína. No hay otra, por mucha cara gris, pelo sucio u ojeras que tengas. Esa persona que ves a través del espejo siempre ha sido, es y será la verdadera tú.

Por todo esto que os he contado, mi hijo Alejandro con su año y medio de vida, me ha hecho el mejor regalo del Día de la Madre del mundo, su mirada limpia sin prejuicios me ha enseñado a mirarme verme en el espejo con AMOR, mucho amor. 

Gracias mi vida, te quiero.


Pd: Día 17: Gracias por convertirme en mamá. Por esto te querré siempre y para siempre.

domingo, 4 de mayo de 2014

Hijo mío, ahora que aún no has nacido



Hijo mío, ahora que aún no has nacido quiero decirte que serás fruto del amor, fruto del amor que nos ha unido a tu papá y a mí, amor a la familia que formaremos a tu lado. Nunca pienses que fuiste el resultado de una precipitación o una equivocación porque no es así. Serás el resultado directo de una decisión tomada con dos corazones.



Hijo mío, ahora que aún no has nacido quiero decirte que ya te has convertido en lo mejor que ha pasado por mi vida, sin excepciones. Aún no te he tocado, ni te he sentido, ni he visto tus ojos ni tu pelo; pero sé que tocarte será lo primero que haré cuando te vea habiéndote sentido ya dentro de mí. Por ahora me conformo con conocerte a través de una pantallita muy difusa. Lo más bonito del mundo es cuando escuchamos tu corazón, ahora tengo dos corazones, ¿no es eso increíble, mágico? Sí mi vida, es la magia de la vida. Es increíble pensar que creces dentro de mí, eres un milagro de la vida y del amor, no hay ciencia ni biología que explique esta sensación de saber que otra persona está formándose dentro de mí, a veces me sorprendo mirándome la tripa, acariciándola, hablándote, soñando con que sientas al menos un poco del cariño que intento transmitirte. Tu papá también te acaricia cada noche y te habla, tiene grandes conversaciones contigo. Sé que desde el día que nos elegiste como padres nos escuchas y sabes lo importante que eres para nosotros. Estoy absolutamente emocionada por verte por primera vez, ni siquiera sé todavía si serás niño o niña, te parecerás a papá o a mí, o a los dos, ni siquiera hemos elegido un nombre. Sé muy poco de ti todavía. Sólo sé que cada día llenas un poco más el espacio que hay en mi vientre para ti y a la vez me llenas de felicidad, de dicha.  



Hijo mío, quiero decirte que también estoy llena de miedos y de temores. No puedo prometerte que todo será un camino de rosas, no puedo prometerte que todo será fácil. Ni siquiera puedo decirte dónde nacerás ni en cuántas casas vivirás. Tu papá y yo vivimos ahora un momento de incertidumbre, sólo tu llegada nos hace seguir cada día, esperarte ilusionados que es lo que importa. Los dos sabemos que no tendremos problemas para sacarte adelante, tenemos a tus abuelas de ejemplo, a las que están y a las que siguen en la memoria. Estás rodeado de mujeres fuertes que lucharon toda su vida de forma excepcional por sus hijos y su legado vive con nosotros. Hijo mío, eso para mí supone una responsabilidad enorme pero te prometo que siempre me fijaré en ellas. Cuando mis fuerzas flaqueen, cuando me desespere, cuando pierda la paciencia o incluso la esperanza, me fijaré en ellas. Hablaré mucho con las que están y les pediré consejo. Te prometo que siempre las tendrás cerca, porque no te dejaré perderte estar al lado de mujeres tan luchadoras, a uno y otro lado del océano.

Hijo mío, ahora que aún no has nacido quiero contarte cómo es este mundo. Cuando seas más mayor verás cosas que no te gustarán o te dirán cosas que no querrás escuchar. Pero por favor hijo mío, nunca digas que la vida no es justa. Yo creo absolutamente que la vida y el universo tienen un lugar para cada uno de nosotros. Claro que los caminos son diferentes y hay quién lo tiene más o menos fácil. El secreto está en no rendirse nunca. Tu papá y yo no tenemos, ni hemos tenido caminos fáciles y aun así nos sentimos afortunados de tenernos el uno al otro, de que en toda esta dificultad nuestros caminos se cruzaran y de ahora poder caminar el uno al lado del otro, teniendo un beso de fuerza cada vez que lo necesitamos. Hablando de los besos de fuerza; hijo mío, eso era otra cosa que te quería decir. Siempre, siempre, siempre (y ahora sí uso esta palabra) que los necesites, yo estaré ahí para darte uno o todos los que quieras. Aunque a veces el camino no sea fácil, mi mayor deseo es que camines este mundo. Viaja, conoce, aprende, mézclate, VIVE. Seguro sufriré teniéndote lejos de mí como sufren tus abuelas cada día con tu papá y conmigo, seguro también estaré orgullosa de haber educado a una persona capaz e independiente como lo están tus abuelas cada día con tu papá y conmigo.

Hijo mío, ahora que aún no has nacido, en un día como hoy quiero utilizar una palabra por primera vez en mi vida refiriéndome a mí misma. Hijo mío, ahora que aún no has nacido quiero decirte que MAMÁ te quiere, que te ama, que ya eres su vida entera y que no ve el momento de verte. Eso será dentro de seis meses, no tengo prisa, ya estás aquí.

Hijo mío, te quiero, gracias por elegirme.


MAMÁ


domingo, 12 de mayo de 2013

Mamá te voy a decir una cosa


Buenos días queridos lectores, mamá,

El domingo pasado fue el Día de la Madre en España y este domingo lo es en Canadá y el resto de América. No podía dejar pasar la ocasión de dedicarte una entrada en este blog mamá, porque tú sabes que eres única y te mereces esto y más, así que mamá te voy a decir una cosa.





A lo largo de nuestra vida juntas hemos pasado de todo lo que se puede decir y pedir, de todo, unas veces más unidas y otras menos; pero irremediablemente juntas. Cuando pienso en nosotras se me viene siempre la misma imagen a la cabeza. Madre e hija en la película Chocolat mudándose con el viento del norte. Así éramos nosotras, cada año con la casa a cuestas, pero con algo que se hacía fuerte, nosotras. Te acuerdas de los “ – Mamá ¿dónde está nosequé? –Ni idea pero no te preocupes que aparece en la mudanza”. Mamá después de todo esto cómo quieres que no haya estado siempre y siga estando deseosa de conocer el mundo, lo de allí ya me lo conozco… En esta película hay un chocolate para cada persona, dulce, amargo, picante… juntas hemos probado todos, la mayoría por el momento.


Siempre te he considerado una mujer fuerte, al menos para mí, siempre has estado conmigo, sin separarte ni un poquito pero dándome mi espacio, siendo la madre más joven y moderna, pero a la vez de las más firmes en tus decisiones. Todo lo que soy es por ti, sin darme cuenta, en el día a día siempre estás aquí. A 7000 km de distancia, si un día no hablamos me riñes porque te tengo abandonada. Tú siempre has sido mi madre, pero también has sido mi ídolo, mi enemiga, mi amiga, mi más odiada y más querida, mi apoyo, mi confidente, mi carcelera y mi vía de escape. Todo eso sólo en ti, a lo largo de la vida y los momentos. Hemos pasado por todo tipo de momentos, tú lo sabes mejor que yo, ya que la mayoría de las veces ocultabas todo lo malo para que yo no me diese cuenta, sólo el tiempo me ha hecho mirar y ver. Pocas veces te he visto llorar y muchas veces has llorado.


Dicen que madre no hay más que una y tú has sido de las guerreras, una campeona. Te bajaste de un tren que iba muy rápido, te fue muy difícil y aún así lo hiciste, seguro que la caída nos hizo algunas heridas de las que todavía queden cicatrices, pero no era tu tren. Tu tren siempre estuvo a mi lado haciéndome la vida fácil y las cicatrices son historias y aventuras, si no que se lo digan a mi cara. Yo tengo suerte de tener una madre de las buenas, de las que me gustaría ser, de las que están siempre, siempre y con sólo una mirada saben cuándo sus hijos más las necesitan; aunque mamá tú has desarrollado el sexto sentido de saberlo en la primera palabra de una conversación al teléfono, en un tono de voz.


Mayo es el mes de las madres porque todo nace y renace, nunca lo había vivido tanto como aquí en Toronto. Me fui de vacaciones dejando una ciudad de árboles caducos, de naturaleza muerta por el frío invierno. Después de una semana, de abril a mayo, todo es mágico, verdes, hojas, flores, rojas, blancas, amarillas. Así es más difícil ver la vida en blanco y negro y yo mealegro. Hoy sopla el viento del norte, domingo frío, pero viento que me hace tenerte aquí conmigo, en mis pensamientos.





La semana pasada estuvimos juntas (físicamente) para reponer fuerzas, otro tirón. Siéntete feliz porque estoy feliz, hablamos mucho de eso, el tiempo lo dice todo, pero me siento feliz ahora, me siento feliz conmigo y me siento la protagonista de mi vida, algo que, una vez más aprendí de ti. Mamá estaremos siempre juntas, irremediablemente, la vida pasa, pasan las gentes y sus momentos, pero tú y yo no tenemos otro destino que el de soportarnos (en el buen sentido). Aquí estoy siempre y lo sabes, estás ahí siempre y lo sé, como dos fans incondicionales del mismo equipo, de nuestro equipo. Sé que no soy la hija más cariñosa del mundo, que llevas toda la vida correteándome para darme un beso y más de diez años dando vueltas por ahí lejos de ti. Lo siento mamá Érase una hija a una maleta pegada y tú me cosiste las alas. A ti también te digo eso de Espérame, tan solo espérame que cuando pueda volveré.


Mamá eres el pilar de mi corazón y te prometo que todo irá bien.
Te quiero, esa era la cosa que te quería decir, lo demás son anécdotas.


Hasta la próxima os dejo con vuestras mamás (también las que ya sólo pueden estar en nuestro pensamiento) y psicocinando más ideas.